Lo que nos faltaba. Por si no teníamos suficiente con la operación bikini, el espionaje de móviles a nuestros novios en busca de pelagartonas o la escasez de ganado varonil a partir de los 30, llega la crisis y nos termina de joder. Se acabó el consolarnos en el stand de chanel del Corte Inglés, se acabaron esas maravillosas sandalias Vialis que tantas penas nos han ayudado a aliviar, a tomar por saco el bolso Guess de cocodrilo que nos curó la depresión de los kilos de más en el mismo instante en que nos lo colgamos del hombro. ¿Pero que nos queda entonces? Busquemos el lado positivo de esta crisis económica si es que lo tiene. Haremos más vida hogareña con nuestras parejas, al pasar más tiempo en casa haremos más el amor, organizaremos cenas románticas a la luz de las velas, saldremos al parque a pasear los domingos por la mañana temprano. Así no parece que sea tan malo pero lo cierto es que yo ya llevo más de medio año en esta situación y no es tan idílica como podría parecer. En la vida hogareña a partir de los 30 no hay ropa interior de seda, ni picardías de raso sino pijamas de algodón, zapatillas de felpa y batas de guatiné, las cenas son románticas, sí, porque los dos compartimos un mismo plato…un mismo plato de jamón que él ha cortado con todo su amor porque es lo más rápido y porque así nos podemos tirar antes en el sofá a ver la tele (Informe Semanal o Documentos TV). Ir al parque un domingo a las 10 de la mañana te hace sentir bien porque además de disfrutar del sol de invierno (y no me refiero al disco de los niños mutantes) sois las dos únicas personas que no usan dentadura postiza de todo el parque. Chicas, en estas circunstancias es realmente difícil encender la llama de la pasión y hartarse de follar pero hay que intentarlo. ¡Es lo único gratis! Así que a ponerse un poco del perfume chanel que nos queda del año pasado, el tanguita de raso que tanto nos favorece y las sandalias de tacón que tantas penas nos quitaron en su día. Así no hay quién se nos resista. Y si esto tampoco funciona siempre podemos copiar a las rusas y apuntarnos a una escuela de seducción donde podremos recibir cursos tan útiles como: “Sexo oral para expertas” o “Cómo casarse en tres meses con un millonario”.
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