
Como nos gusta salir de fiesta. Empezamos con unas cañitas en El Salao, luego el Rojo y al Provincias a comer pescaíto. Hasta aquí perfecto, seguimos estupendísimas y el pitillo vaquero que nos hemos embutido ha sido la mejor elección. Ahora al Ruido Rosa, salimos del bar y ¡Mierda, nos meamos! Bueno, intentaremos ir al baño. Desde ese instante estamos perdidas. Los 50 metros de trayecto no parecen 50 km. Nos sobran los taconazos, el pitillo nos aprieta la vejiga y no nos deja respirar. Venga, nosotras podemos… llegamos y, como no, ocupadísimo, los dos, y cola fuera, esto aquí es imposible, deben repartir billetes de 500 euros dentro. Decidimos ir al Playmobil que está mas cerca, entramos apresuradamente y salimos disparadas hacia nuestro objetivo. Pero para nuestra sorpresa y desesperación, otras 15 chicas hacen cola para entrar. Todas nos miramos unas a otras mientras nos balanceamos de un lado a otro y decidimos que más de un minuto dentro del baño requiere de un par de golpes en la puerta, recuerdo de las que aún estamos fuera. Por fin llega nuestro turno. Entramos y la puerta no tiene pestillo. No importa, son muchos años de entrenamiento, podemos mear mientras la sujetamos. Nos bajamos los pitillo, con una mano sostenemos la puerta, con la otra el bolso que pesa 10 kilos y el abrigo y finalmente nos agachamos en postura extraña para ni rozar el wc, que eso nos lo decían de pequeñas. ¡AHH! Pocas cosas debe haber en la vida tan maravillosas como este momento. La relajación es tal que casi perdemos el grado de flexión de las piernas y nos salpicamos los zapatos. Para rematar, queridas amigas, al echar mano al papel te encuentras con el turulo del rollo terminado hace días y en tu bolso llevarás mil cosas para estar divina pero nunca llevas un mal kleenex. ¿Qué opción nos queda? Ninguna, y sobre todo no volver a entrar solas al baño. A partir de ahora siempre nos acompañará una amiga que nos sostenga el bolso, sujete la puerta y lleve kleenex. Tras esta odisea salimos como si nada, eso sí, si a algún listillo se le ocurre preguntarnos por qué hemos tardado tanto lo desintegramos con la mirada. A partir de ahora beberemos menos porque no quiero ni pensar que nos den ganas de ir al baño en el Sugarpop, eso si que puede ser una auténtica aventura.
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