Quién dijo que una banda de funk no podía tocar rock? El megalómano y prolífico George Clinton reservaba sus Parliament para sus propuestas de soul cósmico y con Funkadelic intoxicaba el funk de rock hendrixiano, psicodelia y reivindicación política en una bacanal de sustancias psicotrópicas, colorido, sexo y mística trascendente. Con uno u otro proyecto llevó el funk al paroxismo en unos directos grandiosos, circenses y excesivos. Hasta dar con la fórmula en la que se encontrarían ambos caminos (el de Parliament y el de Funkadelic) con un proyecto futuro que se llamaría P-Funk. Y este disco previo a la creación de P-Funk es la mejor muestra de ello. Una irreverente y delirante celebración de sus veleidades panteístas a mayor gloria del hedonismo. Y de paso uno de los mejores álbumes de funk que se hayan grabado nunca.
texto_ enrique novi














