concierto arctic monkeys

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Palacio de Vistalegre, Madrid. 5 de febrero de 2010 Público_ 11000 asistentes

Malos augurios precedían esta nueva visita de los Arctic Monkeys a la capital. Primero por el cambio de recinto a escasas fechas del evento y segundo por la mala fama de la nueva ubicación en cuanto a la acústica se refiere.

El caso es que la promotora Miles Away (heredera de Sinnamon) decidió cambiar de recinto, del Telefónica Arena a la plaza de toros de Vistalegre, en vista de la inesperada masiva venta de entradas. Esto supuso que la gran mayoría del respetable creyese que el concierto estaba sold out al menos un mes antes del evento. La reventa se disparaba en internet al doble del precio original. Sí, días antes del concierto, setenta eran los euros que se pedían por las entradas. Pero al cambiar de recinto y no enterarse ni “el tato”, el aforo no se completó. Y lo mas sorprendente, los reventa o los que se quedaron con alguna entrada colgada, gritaban 20 y hasta 15 euros en la puerta. Lo nunca visto, de costar el doble en reventa, a poderla pillar en la pueta a la mitad de su precio. Alucina!

Lo de la acústica del Palacio de Vistalegre es otro cuento de terror. Cuando mas de uno te chiva lo mal que suenan allí los bolos, ya vas “cagao”. La mosca que se te pone detrás de la oreja adquiere dimensiones “lovecraftianas”. Pero también somos conscientes de que un buen técnico de sonido saca oro de entre las piedras, (recuérdese, por ejemplo, los conciertos de Franz Ferdinad o Leonard Cohen en el Coliseo de Atarfe). En este caso; nones

Así que el concierto, en lineas generales, defraudó. No se si los 10.000 veiteañeros enfervorecidos, estarán de acuerdo conmigo, pero creo asegurar que a los que me rodeaban, no les dijo mucho. Y vaya por delante que el que suscribe es fan del primer álbum, amigable con el segundo y un enamorado del tercero. Quizá a ese sonido más oscuro del último trabajo le viniese mejor la acústica “submarina” de la plaza de toros de Carabanchel. Los nuevos temas se dejaban oir y te transportaban sin problemas a ese profundo pozo de grises que es el “Humbug”. Ahora bien, cuando el respetable se volvía loco era, por supuesto, con los “hitazos” del gamberro “Whatever people say I am that’s what I’m not” los cuales, lejos de transmitir algo mas allá de la emoción teenager, eran pastosas melodías solo reconocibles por la ineludible pegada de sus estribillos. Hay que añadir además, que a los que esperaban la furia de unos jovenzuelos hooligans (de una ciudad tan obrera como es Sheffield) acompañando semejantes gitarrazos, se encontraron con un estilo inmóvil y  shoegaze, que pegaba tanto como cero a una mas que desmerecida actuación. Que penita más grande!! (He de ser justo; el batería se salva de todo lo dicho anterior, eso si que es un espectáculo.)

Sea como sea, yo seguiré opinando lo mismo. Son unos monstruos llamados a hacer algo grande en el competitivo panorama indie mundial. Reventaron con el primer álbum, dejaron claro que podían ser todo lo arty que la moda anglosajona les pidiese con el segundo y se salen en la tercera entrega con un trabajo mas americano, oscuro y maduro que nunca. Eso sí, como no se lo curren mas en los directos…

texto_ christian morales

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